miércoles, 21 de abril de 2021

El agua en la piel

 

El agua en la piel

30/10/19




 

En mi desesperación, pido la muerte.

 

Su piel líquida me hunde con rapidez, dejándome sin peso. Se aferra a mí, a pesar del rechazo violento que impongo con mis movimientos. Sus besos salpican mis parpados sin dejarlos abrir y su mano tibia ahoga mi garganta como si se vertiera en un pozo hasta desbordarlo.

 

Mi desnudez voluntaria me hace sentir tan diminuto dentro de este claro azul. Las piernas se cansan de patalear y los brazos se rinden ante la carga inexistente.

 

Y yo, estoy listo para recibir el abrazo final. Caer rendido, al sueño eterno de Hipnos.

 

Pero la asfixia es amarga e indiferente conmigo y me empapa sin acabarme, me da el aire suficiente para no cruzar el rio Estigia. Veo alejarse entre sombras, al barquero Aqueronte, con una sonrisa macabra. Su remo me empuja fuera de alcance y la vida me trae a medias de regreso.

 

El deseo se me adhiere a la piel e implora por nuestra unión eterna. La oscuridad se traga todo por unos instantes para salir en forma de luz a medio día. Un respiro profundo y la escucho lista para sumergirme de nuevo.

 

Me aprisiona y la siento escurrirse por todo mi cuerpo hasta llegar al interior. Su presencia quema el lugar de refrescar e invade todos mis momentos íntimos.

 

Me siento diluido en un mar de pensamientos ajenos y pierdo mi identidad. Es claro que Tánatos me ha rechazado del inframundo y en su lugar, los dioses han abierto la puerta de mi cuerpo, alma y mente a la seducción de sus palabras.

 

¿Acaso esto es el amor? Si lo es, no lo deseo. Me ha robado todo a capricho y me torna en esclavo de sus deseos.

 

Me levanto a la orilla, siento la extraña sensación de no estar en mí.

 

Veo mi reflejo en el agua y aunque puedo ver mi rostro, sé que ya no soy yo.

 

No reconozco a quien me ve entre ondas circulares interrumpidas por las gotas que caen de este nuevo ser. El sol brilla a lo lejos y la calma vuelve al lugar, los peces me miran con naturaleza, ya no me evaden como al inicio.

 

La soledad jamás vivirá en mí y aun así, su vacio se pronuncia con la tristeza de lo que he perdido. Levanto la mirada hacia las nubes, viajeras eternas, destino que se me roba con cada respiro nuevo y vigorizante.

 

Maldigo el lago junto a sus aguas incitantes, donde vine a perderlo todo y condeno a cualquiera que se atreva a sumergirse, a la desgracia. A ser dos en cuerpo de uno.

 

Salmacis, ninfa marina y embustera. En tu deseo de amor, me has dejado tu sabor eterno. Con cada momento que pasa, me pierdo, me estanco en el fondo de la oscuridad. Siento como el olvido me toma para nunca más volver.

 

Confundido, atemorizado, mojado en la incertidumbre.

 

Hermafrodito entra, Hermafrodita emerge.

 

Con el agua en la piel.

 

-Alfonso Casián S.

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